No debes llorar, ¡ya supéralo!, no puedes sentir esto o aquello.

¿Alguna de estas frases te parece conocida? Vivimos en una sociedad que nos obliga a reprimir esos sentimientos calificados como ‘malos’, esos que si nos atrevemos a aceptar nos vuelven débiles ante la mirada de los demás.

Pero, ¿de verdad son tan malos?… Lejos de lo que nos han hecho creer, la respuesta es NO.

Hola, mi nombre es Jezz , tengo 26 años y hoy quiero compartir contigo un poco de mí, de mi historia y espero esto te ayude un poco.

Hace unos años pase una de las etapas más difíciles de mi vida, me embaracé sin planearlo, siendo aún una estudiante y estando sola, pues quien era mi pareja en ese entonces desapareció.

Lo admito, fue aterrador, incluso por mi mente pasó la idea de abortar, pero al final no pude, solo de ver el ultrasonido me hizo cambiar de idea (debo aclarar que estoy a favor de que cada mujer sea completamente libre de decidir sobre su cuerpo).

Pero la vida da muchas vueltas y bien dicen que cuando te toca, te toca, y no era mi turno de ser mamá… a los seis meses de embarazo perdí a mi pequeña.

Fue una época difícil para mí y mi familia, tanto que sin quererlo quedó enterrado, prácticamente borrado y durante años aparenté que jamás sucedió… regresé a la universidad tras perder un semestre, eso hizo, de cierta forma, que todo fuera más fácil: nuevos compañeros, nadie me conocía, nadie preguntaba nada y así fue más sencillo engañarme a mí misma.

De un momento a otro, todo parecía ser como antes, hice nuevos amigos, incluso llegue a tener una nueva pareja, ante los ojos de todos yo era feliz, una chica ‘sin problemas’, y por momentos yo creía eso, aunque mi realidad era otra y eso no quería verlo.

Pero todo cae por su propio peso y conforme pasaba el tiempo esas heridas que no deje cicatrizar se abrían más y más, hasta qué, eso que tanto quise negar, esa verdad que tanto quise ocultar, terminó por alcanzarme.

Mi cabeza no dejaba de pensar en ese día, en ese momento en que perdí a mi hija, en las noches tenía pesadillas, siempre estaba de malas, mis calificaciones bajaron, me aleje de mis amigos… fue entonces cuando me vi sola.

Y aunque creo que todos debemos aprender a disfrutar de la soledad y disfrutarnos a nosotros mismos, en ese momento fue aterrador, tanto que llegué a pensar que no iba a poder salir del hoyo en el que me encontraba.

Afortunadamente y curiosamente, el destino, la vida, Dios o como le quieras llamar, te pone en el camino a las personas correctas (o al menos en ese momento lo son) y entonces ‘él’ apareció, y sí, ya sé lo que estás pensando, esto se convertirá en la típica historia de la princesa que es rescatada por un príncipe, pero no fue así, aunque tampoco puedo negar que fue parte del proceso que pase para salvarme A MÍ.

‘Él’ me ayudó a abrirme un poco más, por primera vez hable de mi bebé, su pérdida y la manera que me sentía, y el hecho de tener a alguien con quien platicar hizo que los sentimientos fueran surgiendo, hasta que me enamoré y casi sin darme cuenta me vi envuelta en una relación tóxica, una relación llena de mentiras y secretos, una relación que durante mucho tiempo dejé que influyera en mis decisiones y en quien era, o mejor dicho en quién quería ser.

Pero como ya lo dije antes, por más que queramos, llega un momento en el que debemos quitarnos la venda de los ojos, aunque en esta ocasión, afortunadamente no estaba sola cuando me di cuenta que debía salir de ahí antes de volver a cometer los mismos errores del pasado, estaba rodeada de mujeres que admiro, que al igual que yo han pasado por momentos difíciles que lejos de detenerlas, tomaron fuerza para crecer.

Y entonces descubrí que después de reprimir por mucho tiempo tantos sentimientos y lastimarme más, era momento de permitirme sentir, decidí permitirme perder el control, gritar, llorar, ser débil’ y solo entonces pude empoderarme, renacer, y ser una mujer más libre y más fuerte.

No lo voy a negar, no ha sido fácil, y probablemente el camino que me queda por recorrer tampoco lo sea, pero esas emociones, esas experiencias me han ayudado a llegar a donde estoy y sé que me van a impulsar a llegar a donde quiero estar.

Así que si puedo darte un consejo, sin duda sería siente, grita, llora, ríe, canta baila, VIVE, y sólo entonces, cuando veas hacia atrás verás lo fuerte que eres y que somxs todxs.