Hoy en la mañana me dirigía al trabajo, en la radio dieron una noticia que me sacó de mis pensamientos, ya que reportaron que en Puebla, Karla Fernández González España, de 23 años, estudiante de la Universidad Cirstóbal Colón fue asesinada a unos metros de su casa.

La sangre se me helaba al escuchar que la joven había muerto a quemarropa por un balazo en su pecho ¿el motivo? Si es que se le puede definir así a un acto tan cruel, fue que aparentemente ella se resistió a un asalto, así lo difundió la Fsicalía de Puebla.

Pero ahí no terminó mi desasosiego, porque como cada víctima de feminicidio de escucho, me pongo en sus zapatos porque como yo esa mañana y muchas de nosotras lo hacemos en el día a día, Karla apenas comenzaba su jornada, apenas dio unos pasos afuera del portal de su casa para dirigirse a estudiar, cuando fue privada de su vida, un acto que todas hacemos en el día a día.

¿Cómo no indignarse? ¿Cómo no sentir miedo? Si nos encontramos tan vulnerables en nuestro propio país ante la violencia machista. Porque Karla, se suma a una de las voces más que ha sido silenciada, una mujer que como tú y yo tenía sueños, aspiraciones, muchas cosas que deseaba experimentar.

De manera súbita, en la radio los presentadores terminaron de dar la noticia y continuaron como si el mundo no se estuviera desmoronando sobre las mujeres que lo habitamos. ¡Qué dura realidad! Que fuerte vivir en un continente, en donde 9 mujeres mueren en Latinoamérica.

Mientras que en nuestro país, 7 mexicanas son víctimas de feminicidio y esto nos pesa en el corazón por la terrible impunidad ante la situación y porque no vemos que se esté conteniendo el problema, al contrario, va en aumento. Por eso Karla, como Mara, María Trinidad y las miles de mujeres más no deben quedar olvidadas #NiUnaMenos #VivasNosQueremos

 

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